Cuando llegué a ..
Subirme por segunda vez en una bicicleta, recordé lo bien que me sentía de niña al manejarla. ¡claro! Digo segunda vez, porque cuando era niña y era la primera vez que montaba en bici, me caía (como nos pasa a todos) sin embargo, una amiga de la infancia me dijo una vez “yo te empujo y tu pedalea todo lo que puedas” pero ante tal información, nadie me dijo como frenar y no me quedó más que pedalear y cuando fui a detenerme, en una bicicleta visiblemente más alta que yo, no pude evitar irme de bruces. Por eso cuando llegué a subirme por segunda vez en mi bici, una bicicleta vieja que me vendió un hombre que se dedicaba a hacer chapuzas (e incluso algún chanchullo que le saliera) fue como sentir que era libre, que con la bici podía hacer lo que quisiera, ir a donde quisiera y de hecho lo hacía... bueno.. lo intentaba, porque la condición física es otra cosa.
Este cacharro de dos ruedas, probablemente sacado de la basura, dejada por alguien que seguramente se hartó de ella, representaba mi llegada a Madrid, mi llegada a la libertad. Andar en ella a la hora y lugar que fuera, representaba la seguridad que no había tenido antes, la certeza de que no me pasaría nada.. a mi no... al menos... pero la bici no tuvo la misma suerte ya que un día la dejé aparcada y se robaron mi sillín ¡¡Qué decepción!!, pero no hay mal que por bien no venga; al final conseguí un sillín nuevo que me regaló el mismo que me reparó la bici cuando me caí... una de las veces que me caí..
Al final.. si lo vemos fríamente, eso es la vida. Nos pasan miles de cosas, disfrutas de ella, te caes, la reparas, te levantas, te roban parte de lo que amas...
La vida está llena de alegorías que representan todo aquello de lo que nos rodeamos, por ejemplo, cuando aquella vez esa amiga me enseñó a que tenía que pedalear todo lo que pudiera es la reflexión que la vida me muestra de sí misma, no es más que seguir, no me enseñaron a frenar, porque el frenar es detenerse, quedarse estático, correr el riesgo de caerse, por eso es preferible sobre todas las cosas a pedalear sin parar, puede que te pierdas en el camino, te caigas o incluso, no consigas el regreso, pero lo más seguro es que aprendes de todo eso.
La vida en Madrid coge otro matiz dependiendo de la perspectiva con la cual la veas, es posible que le preguntes a una persona que no le guste la ciudad, dirá que no es fácil vivir en ella, que hay miles de dificultades, sin embargo, viviéndola de manera particular, sintiéndola desde otra perspectiva, saboreando sus colores, sus calles, sus variedades de gente, de clima, de actividades, de libertad, es otra cosa que no es descriptible fácilmente.
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