Como empecé de caminar... a correr

Debo admitir que hacía mucho tiempo que no aparecía por aquí. Aunque, considerando la poca cantidad de personas que visitan mi blog, realmente no es como si estuvieran esperando una publicación. Sin embargo, dado que mi blog es un ejercicio de escritura y reflexión, estoy convencida de que con el tiempo tomará valor.

Hablando de tiempo, pasé muchos meses saliendo a correr. Debo admitir que nunca me había visto a mí misma como una corredora, y mucho menos como alguien que podría apasionarse tanto por correr, pero aquí les resumo mi historia.

Empecé a correr como una forma de encontrarme a mí misma, de estar conmigo, de compartir y de enfocarme en algo diferente a las responsabilidades. Diariamente veo gente corriendo por la calle (sin importar la estación del año, el día o la hora, siempre hay alguien corriendo), y aunque parece una actividad común y desapercibida, así como existen colectivos que pueden arrastrar a masas hacia cosas negativas, también hay colectivos silenciosos como esos que, de alguna manera, pueden inspirar a otras personas (como yo) a iniciarse en una actividad deportiva (o continuar, como en mi caso).

Mi desarrollo deportivo comenzó a muy temprana edad, cuando mi mamá me inscribió en una escuela de natación y, posteriormente, en natación sincronizada ya que, como en su momento comentaron mis entrenadoras, tenía un talento innato. Es cierto que, luego de esa maravillosa etapa, tuve que dejarlo debido a las circunstancias políticas de ese momento en mi país (Venezuela). Como bien se sabe, el poco apoyo a cualquier tipo de actividad deportiva y cultural, junto con la predominancia de la corrupción, deja pocas expectativas de que sus ciudadanos puedan desarrollar sus aptitudes.

Voy a hacer un salto en la historia porque sería muy largo contar todo lo que vino después. A lo que iba es que, para mí, correr se convirtió en la única forma de mantenerme saludable, ya que cocinar y comer (dos cosas que me apasionan) eran factores que afectaban mi cuerpo, y pensé que sería buena idea empezar a ponerme en forma.

Primero medité sobre qué ejercicio sería el mejor para mí. Pasé de hacer calistenia al aire libre con rutinas que un amigo me ayudó a desarrollar, a inscribirme en un gimnasio. Sin embargo, mi perseverancia no resistió. Luego intenté retomar el entrenamiento en un gimnasio, pero definitivamente lo mío no es estar en un lugar cerrado. Un día, alguien me comentó que correr era un ejercicio muy completo y que por qué no empezaba a andar. Y así lo hice.

Andar no me resultaba demasiado complicado o retador. Empezó a ser bastante aburrido y poco desafiante, así que un día decidí correr. Estaba tan emocionada que empecé con demasiada fuerza y velocidad, pero no resistí ni 300 metros. Empecé a leer materiales y cosas relacionadas con el running, descargué una app que me compartía algunos artículos sobre entrenamiento y me puse en ello de nuevo.

Con el tiempo, lo convertí en un hábito. A veces podía correr más que otras, me quedé estancada un tiempo, me desanimé, volví a creer en mí y continué. Me di cuenta de que los procesos a veces pueden estancarte, pero una vez que sales de ese estancamiento, confía en el proceso: lo conseguirás.

He alcanzado los 4K, pero espero llegar a 5K y unirme a alguna carrera. Ahora mismo, me siento muy feliz por lo que he conseguido y lo que continuaré construyendo.

A veces esto puede parecer un guiño a lo que es la vida diaria y a todos los obstáculos y cosas que conseguimos en el camino, pero lo que si es cierto es que hay que perseverar y no dejarse decaer, no somos las mismas personas de hace 10 años, ni siquiera de la semana pasada porque la vida te muestra todos los días un aprendizaje, una motiva, un comienzo o una continuación...







 








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