¿Somos capaces de señalar y juzgar a un delincuente? ¿Vemos más allá de su delito?
Hablar
de política, de violencia, de seguridad, pueden ser temas que de
alguna manera sean interpretados diferentes. Cuando veo un privado de
libertad reducido al delito que cometió, por poner un ejemplo, lo
estoy estigmatizando y vulnerando en su condición humana. Países en
los primeros puestos a nivel internacional, donde la violencia
representa una parte importante de su forma de vida, ha creado la
insensibilidad en la población para el tratamiento de estas personas
que por alguna razón u otra, recurren al mecanismo de la violencia o
el delito para imponerse sobre el otro. Pero esto podría llevarnos a
distintas reflexiones; la primera, aquellos individuos que incurren en la violencia contra otro individuo (supongamos que asesinato) están
llamados a ser tratados de manera más firme, caso contrario con un
ciudadano, que por ejemplo, ejecuta un hurto simple, arrebata la
cartera de un traseúnte cualquiera, en ambas situaciones, la
diferencia notable y más evidente es que en uno se atenta contra la
vida y en el otro caso no, al fin y al cabo lo otro es material
pero... ¿Deberían ser juzgados de la misma forma violenta? no
pretendo colocarme en ninguna posición, porque, si ahora me
preguntasen si justifico medidas extremas de seguridad en personas
que han cometido esa clase de crímenes, tampoco sabría muy bien
responder, por ello a continuación lo voy a desglosar en dos casos
hipotéticos:
Caso
1
Un
chico sale de su casa desde muy temprano, se despide de su madre
porque se va a
un
trabajo que compagina con sus estudios, y esto como rutina diaria. En
el país donde se encuentran, están en condiciones precarias, cada
día de trabajo cuenta para el mantenimiento de esa pequeña casa,
muy arriba de una montaña donde se ha construido una suerte de
"chabolas" porque es donde pueden vivir. Ese chico cumple
sus deberes como estudiante y trabajador. Un día unos chicos más o
menos de su edad le ofrecen que por robar una cartera le podrían
ofrecer un mes de sueldo que gana en donde trabaja. El chico, fiel a
sus valores morales, ignora esa petición. Un día su madre cae
enferma y la lleva a un hospital, donde el médico que la atiende
indica que no tienen como hacerle las quimioterapias pues en el
hospital ni funcionan ninguno de los equipos y ni siquiera hay agua.
El sueldo de ese chico ya no es suficiente para poder costear el
tratamiento de su madre, que visto lo visto no puede tampoco ella
sola. Abandona donde estudia para doblar el turno de trabajo. Aun
así, el dinero no llega porque entre lo que gasta de mercado y
desplazamiento no alcanza reunir para una quimio de su mamá. Vuelve
a ver los chicos que le ofrecían el mes de salario por el hurto de
una cartera, pero resulta que ya no debe robar una cartera, sino un
chico que lleva un bolso consigo. El chico sin dudarlo realiza el
delito por obtener algo de dinero para la vida de su madre.
Finalmente, este chico, con visión de ser estudiante prometedor,
trabajador y hombre de bien, las circunstancias externas, la
desesperación, la vida de su madre, lo han llevado al delito. Esta
historia puede sonarnos amarga y triste pero ocurre en la mayoría de
los países latinoamericanos donde la situación país, no permite un
correcto desarrollo de sus ciudadanos. No estoy justificando nada,
simplemente estoy exponiendo hechos, que estoy segura, muchos no
podrían concebir. De todos modos esto es solo una pincelada a un
problema mucho mayor, porque esos desplazados de la sociedad,
personas que no han podido surgir o el sistema no les ha permitido
integrarse en una sociedad idílica de bondades, son los que
constituyen guetos o bandas, que finalmente se dedican al tráfico de
drogas, armas y trata de personas.
A
todo esto a lo que me gustaría llamar a reflexionar, es que las
personas que son privadas de libertad no siempre son tratados en las
cárceles como debería corresponder. En un sistema de seguridad
donde efectivamente funcionen cada uno de los poderes en los que las
personas puedan ser examinadas de acuerdo a sus delitos, podría
haber una sanción acorde a su nivel de delincuencia. También hay
que decir, que en algunos países, la sociedad se ha visto tan
corrompida y mermada que es imposible devolver al cause natural lo
que debería ser una sociedad porque el delito se ha convertido en un
modo de vida y de desarrollo pues los gobiernos y algunos entes
sociales importantes, se han involucrado para financiar su estilo
de vida.
En
la segunda parte os contaré la perspectiva de aquellos en los que su
delito no es tan laxo

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