Las diferencias entre el contacto digital y sus repercusiones en el contacto social
Desde distintas perspectivas, ya se ha podido comprobar, por autoridades, tanto oficiales como de profesionales, que de aquí en adelante las cosas han cambiado; las relaciones, los encuentros, las oportunidades laborales y sobre todo la calidez humana se ha visto transformada y poco a poco nos hemos involucrado con una serie de "medidas" que de alguna forma nos han cortado nuestro quehacer diario.
Últimamente, en el ámbito laboral, lo que más se ofrece son cursos, formación, y cualquier tipo de actualización profesional. La calidez humana se ha transformado; no abrazos, no besos, mascarillas y solo contacto visual y cualquier tipo de actividad ya sea laboral o de la vida diaria tiene la premisa de ser ofrecida en principio con una opción online.
Diariamente, nos hacemos una rutina, quienes están empleados cumplen una jornada laboral desde casa y de acuerdo a ello pues se plantean si es oportuno el seguir formándose; quienes se encuentran desempleados pueden dedicarlo al descanso, al ocio, a la búsqueda o a la formación. Desde mi perspectiva, muy particular, creo que lo que más se debe entrenar y buscar, es la tranquilidad y sobre todo paciencia, la cordura mental ante tanto desenfreno en la información, y sobre todo, ante esta nueva realidad.
Una de las cosas que me llama poderosamente la atención es que en los medios solo se ven noticias relacionadas con el covid-19 (que solo se ve desde una perspectiva "oficial") o los programas de temáticas rosa, donde se nota la interrelación de las personas en algún "reality", esto aludiendo a una falsa realidad de que "estamos consiguiendo" salir de todo y que pronto estaremos en una "normalidad".
Aún cuando estamos seguros de que "el hombre es un ser social por naturaleza" dicho por Aristóteles en el 384 a.C, ahora estamos condenados a restringir todo contacto social a través de nuevas normas o una nueva realidad, por ejemplo, el sector hostelero (eso sin hablar del turismo), ahora mismo está atravesando una de sus peores crisis, sentarse en un bar, compartir con amigos, grupos de mesas con reuniones de personas riendo, teniendo contacto, pidiendo su caña con su tapa, parece que ahora se ha convertido en cosa del pasado, en recuerdos. Un bar, con infraestructuras destinadas a medir temperatura, con mamparas de vidrio o un material para evitar transmisión de virus, no solamente es inviable, sino que además se está perdiendo lo que culturalmente siempre hemos sido en España, amigables, cercanos, la tapa y la caña, serviciales. Que un bar le exijan de producción un 30% y una serie de medidas en las que un camarero no podrá llevar un pedido a la mesa implica que una gran cantidad de personas quedarán sin empleo, y eso sin contar que ir a un bar, aun en estas condiciones será un privilegio, no solo por el coste que va a implicar el precio de una caña para poder sufragar toda la tecnología y logística nueva sino la espera para entrar en un lugar donde se verá limitado en aforo.
Quiero pediros disculpas si en algún momento del artículo puedo caer en confusiones, pero es que hasta para escribir un artículo de índole público en el cual nos basamos en noticias diarias que generalmente tienen un sesgo o peor aún ir escribiendo sobre la marcha de como van sucediendo las cosas, porque al parecer solo hay ensayo y error, se hace difícil intentar expresar la información u opinión que se tiene acerca de un tópico en particular.
Lucia Rodríguez
Gracias por estar ahí

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